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jueves, 2 de abril de 2020

Porque Nunca Me Rendiré En La Iglesia - Reflexión

nunca me rendiré

Nunca puedo renunciar a la iglesia porque nunca puedo renunciar a las personas, cuando escucho que las personas abandonan la iglesia, mi corazón se rompe. Nunca puedo renunciar a la iglesia porque nunca puedo renunciar a las personas.
Ciertamente, la iglesia es como una familia, a veces está en mal estado e incluso mal, pero necesita constantemente arrepentimiento, perdón, revitalización, renovación y reevaluación.
Así es con las familias. Y, como la iglesia es realmente una familia, nunca me rendiré. Si, una familia. Una familia real, real y personal, no una metáfora.
Cuando nuestras ideas sobre la iglesia son teológicas o institucionales, hacemos que la iglesia sea algo fácil de abandonar. Pero la iglesia no es un edificio, una denominación, una organización, una construcción teológica o una serie de creencias.
Estas son las personas que conocemos dentro de estas instituciones. La iglesia es gente. La gente crea familias. La esperanza de la familia ciertamente tendrá peleas ocasionales, por lo que discutiremos.
A veces nos vamos enojados, gritando: “Ya terminé contigo”, solo para encontrarnos compadecidos con otros miembros de la familia con sufrimientos y frustraciones similares, para que podamos hablar juntos, compartir nuestro dolor juntos, rezar juntos. ya sabes, seamos juntos en la iglesia.
Es por eso que, incluso si mi corazón se rompe cuando escucho a personas alejarse de la iglesia, siempre hay esperanza. Porque incluso cuando estamos lejos de nuestra familia, todavía somos parte de ella.
Incluso si mi corazón se rompe cuando escucho acerca de personas que se alejan de la iglesia, siempre hay esperanza.

La verdadera iglesia es gente real

Es imposible para mí, como seguidor de Cristo, dejar de trabajar en, con y para la iglesia, porque nunca puedo estar fuera de relación con estas personas. Incluso cuando peleamos, esta pelea crea tensión en mí. Y esa tensión me tira.
Incluso cuando no tengo ganas de ir a la iglesia (como en un evento de construcción), nunca puedo abandonar por completo las relaciones que la iglesia me ha dado.
Las estructuras en torno a estas relaciones pueden cambiar, incluso desaparecer, a menudo porque tienen una necesidad desesperada, pero eso no cambia ni pone fin a la iglesia, porque las personas y sus relaciones aún existen.

Una iglesia de nombres y rostros

La iglesia es una familia de personas que me amaron y me ayudaron a conocer y servir a Jesús, no solo de manera general. Pero personas con nombres, rostros y una larga y profunda historia juntos. Personas que han estado en mi vida toda mi vida. La gente que amo Gente que me quiere.
No puedo rendirme, porque Jesús nunca se dio por vencido con nosotros.

Por: Karl Vaters

Superando El Desánimo - Reflexión

Reflexión: Superando el desánimo

Todos tienen que tomar decisiones todos los días. Muchos de estos son extremadamente importantes y, a veces, no sabemos exactamente cómo resolver un problema. Sin embargo, es necesario tomar la decisión. Además, tenemos que hacerlo bien, porque de lo contrario, tendremos que pagar un precio alto como consecuencia negativa de la decisión equivocada.
El mejor momento para pescar es durante el amanecer o el atardecer, en momentos de luna llena o luna nueva, y Juan 21: 2-6 muestra a los discípulos pescando después de la crucifixión de Jesús. Pedro dijo: “Voy a pescar”. Estaba decidido, era un pescador experimentado, pero eligió el momento equivocado. Fue en un momento en que se desanimó debido a la aparente derrota de Jesús en la cruz.
Pedro y los discípulos habían dejado carreras prósperas, sus familias e incluso la religión judía para seguir a Jesús. Tenían plena confianza de que Él era el Hijo de Dios. También se convirtieron en celebridades, yendo con Jesús de ciudad en ciudad. Las multitudes salieron a las calles para ver a Jesús y a los doce discípulos. Pero ahora todo parecía haber terminado: Jesús había sido crucificado. La última imagen que tenían en mente era la de un Jesús colgado de un árbol. Veamos qué lecciones nos trae esto hoy.
Nunca tome decisiones con desánimo El peor momento para tomar cualquier tipo de decisión es cuando está desanimado. Bíblicamente, el desánimo implica renunciar a toda esperanza, estar completamente desprovisto de medidas emocionales positivas o recursos para lograr algo. Fue en un momento en que Pedro estaba en el nivel emocional más bajo en su vida cristiana que dijo: “Voy a pescar”. ¡Estaba realmente desanimado, después de que Jesús fue crucificado y todo parecía haber terminado!
Tarde o temprano, todos tenemos que lidiar con estos días de desánimo. Nadie debe tomar decisiones importantes para sus vidas cuando están desanimados. Los empresarios toman direcciones equivocadas en los negocios cuando se desaniman; las parejas se portan mal cuando están desanimadas y luego se arrepienten de lo que hicieron; Los cristianos dejan sus iglesias en un momento de abatimiento y luego se vuelven distantes, fuera de sintonía con Dios; los empleados han realizado cambios incorrectos en el trabajo o la profesión en tiempos de desánimo.
El Salmo 34:19 dice: “Muchas son las aflicciones de los justos, pero el Señor las libra a todas”. Hay una gran diferencia en esperar en Dios y hacer lo que se le ocurra en momentos de desánimo. Hay derrotas en los malos sentimientos, pero la fe en Dios produce una renovación interna y la dirección correcta para las decisiones diarias.
Tenga cuidado con las personas desanimadas El desánimo es contagioso y puede afectar a quienes lo rodean. Esta influencia negativa puede hacer que las personas tengan una indisposición resuelta e inalterable ante situaciones difíciles. Esto es exactamente lo que les sucedió a los discípulos y, influenciados por Pedro, decidieron pescar también. Esta decisión se tomó a toda prisa, sin ningún tipo de reflexión o análisis si realmente deberían hacer eso: “lo simple da crédito a cada palabra, pero el prudente atiende a sus pasos”, Prov. 14: 15.
Entonces tenemos que rezar más para no tomar decisiones apresuradas que puedan influir negativamente en nuestras vidas. Será mejor que te tomes el tiempo y reces antes de comprar una casa nueva, antes de comprar un auto nuevo, antes de decidir dejar tu hogar, antes de dejar tu trabajo o elegir otro, antes de ponerte tatuajes en todo el cuerpo. . Dentro de 10 años puede estar dispuesto a dar cualquier cosa para deshacerse de ellos.
Las decisiones equivocadas nos afectan a nosotros y a otros, especialmente a quienes nos rodean o que dependen de nosotros. Así que no te dejes desanimar por las apariencias. Deténgase, piense, analice, ore antes de tomar cualquier decisión: “Mis ojos se alzan continuamente hacia el Señor, porque él sacará mis pies de la trampa”, Sal 25: 15.
Las decisiones equivocadas traen decepciones
La Biblia dice que intentaron pescar toda la noche, pero no pescaron nada. Estaban más decepcionados que antes. Esto fue porque estaban fuera de sintonía con Dios. Así que tenga cuidado con las decisiones que piensa tomar. Mire, ore al Señor y Él le dará las pautas e instrucciones necesarias: “Te instruiré y te enseñaré el camino que debes seguir; y, a mi vista, te daré consejos ”, Salmo 32: 8. Jesús conoce sus dificultades y tiene preparada su victoria para el momento adecuado.
Jesús aparece en la playa, pidiendo comida, pero los discípulos no habían atrapado nada. Significa que tenían hambre. Para satisfacer a sus discípulos, Jesús los guía y los convence de volver a pescar y lo convierte en un gran éxito. Dios nunca pierde el control de nada y nunca lo hará. Así que confía en él y verás que sucede el milagro. Mientras escuchaban lo que Jesús les dijo que hicieran, vieron desaparecer sus frustraciones porque sucedió el milagro.
Escuche solo la voz de Dios y Él seguramente hará que suceda el milagro: “Sé que puedes hacer todo, y ninguno de tus planes puede ser frustrado”, Job 42: 2. Dios quiere renovar su fortaleza con la comida que ya tiene. se ha preparado para ti. El te espera. Para acercarse a él, cene con él y tenga la fuerza para continuar: “los que esperan en el Señor renuevan su fuerza, se levantan con alas como las águilas, corren y no se cansan, caminan y no se cansan”, Is 40: 31.
Consideraciones finales

El cristiano pasa por malos y buenos momentos, circunstancias negativas y positivas, situaciones de aparente fracaso y grandes victorias. Jesús dijo: “En el mundo, pasas por aflicciones; pero ten ánimo; Vencí al mundo ”, Jn 16, 33. Mientras el creyente esté en este mundo, habrá muchas razones para desanimarse, pero para aquellos que confían en el Señor siempre habrá un Dios que fortalezca y aliente el corazón para que el viaje cristiano pueda continuar. a la Jerusalén celestial.
Fuente: reflexiones.cristianas.com

Sólo Puedes Ganar Si Te Rindes - Reflexión


Hay dos principios que operan en este mundo. Cada persona vive bajo uno de estos dos principios. Seguramente muchos no lo reconocen, pero en este momento tú, yo y todas las personas del mundo estamos viviendo bajo uno de estos principios, que guían nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar.

El primero es el principio de la ley. El principio de la ley es muy sencillo. Si haces lo que debes hacer, si obedeces, te irá bien. Por lo menos, evitarás un castigo; puede ser que incluso recibas algún beneficio. Por ejemplo, si manejas por la carretera sin violar las leyes de tránsito, generalmente evitarás una multa.

Durante mi adolescencia, recuerdo que mi padre llegó un día a la casa con una noticia. "¿Saben lo que recibí hoy?" - nos preguntó. "¡Recibí mi reconocimiento por buen ciudadano!" En aquel lugar se enviaban reconocimientos a todos los que duraban cierto tiempo sin cometer ninguna infracción. Le pregunté si el reconocimiento incluía algún premio monetario. Cuando me dijo que no, perdí el interés. Pero bueno, algo es algo. Peor es nada.

Así es que funciona la ley. Funciona en base a lo que te mereces. Es un principio que se extiende a cada parte de nuestra vida. En la familia, es la base de la disciplina de los hijos. 

En el trabajo, define la relación entre patrón y empleado. Si haces el trabajo, recibes tu salario; si no cumples con las instrucciones, puedes terminar despedido.

Dios también dio leyes a su pueblo. Eran leyes muy buenas. Si se obedecían, habría bendición. La sociedad prosperaría. Todos vivirían en armonía. Por esto, Dios dijo a su pueblo: "Observen mis estatutos y mis preceptos, pues todo el que los practique vivirá por ellos. Yo soy el Señor. " (Levítico 18:5)


Dios le dio a su pueblo una ley que era perfecta para ellos, y luego les prometió vida a través de estos mandamientos. ¿Cómo llegaría esa vida? Solamente llegaría por medio de la obediencia. Así es que funciona la ley: la obedeces, te portas bien, y recibes los beneficios. ¡Fácil! ¿No?

Sólo hay un pequeño problema con el principio de la ley. Este principio es esencial para las sociedades humanas; sin leyes, la sociedad se convertiría en un caos. Pero el problema con el principio de la ley es que nosotros, los seres humanos, somos débiles. Dios nos promete vida si obedecemos toda su ley, pero ninguno de nosotros ha sido capaz de hacerlo.

El reformador Martín Lutero se guió por el principio de la ley. Cuando era joven, fue sorprendido un día por una fuerte tormenta. En medio de los rayos y truenos que lo rodeaban, asustado y desesperado, gritó: "Santa Ana, si me salvas de esta tormenta, ¡me haré monje!" Poco a poco se calmó la tormenta, y él abandonó la carrera de leyes que llevaba para convertirse en monje.

¿Te das cuenta de la manera en que funcionó el principio de ley en la vida de Lutero? Creía que tenía que hacer algo para merecer algo. Si quería ser salvo de la tormenta, tendría que dar algo a cambio. Es como un trueque. A cambio de algún sacrificio, Dios nos concede su perdón, su bendición o la petición que levantamos en oración.

Sin embargo, como monje, Lutero no logró encontrar la paz. Nunca sentía que lo que hacía era suficiente. Dormía en el suelo de su celda sin cobija durante el frío invierno, se confesaba constantemente y trabajaba arduamente. Sin embargo, nunca sintió la seguridad de haber hecho lo suficiente.

En realidad, cuando vivimos bajo el principio de la ley, ¿cómo podemos hacer lo suficiente? Siempre hay algo que no hemos hecho; alguna ley que hemos quebrantado, o algún bien que hemos dejado de hacer. Seguramente podríamos haber orado más, podríamos haber ayudado a más gente, podríamos haber dado más para ayudar a los pobres. ¿Cuánto es suficiente?

La solución al problema llegó cuando Lutero descubrió en la Biblia el otro principio de vida, que es el principio de la gracia. El siempre había pensado que la gracia de Dios es algo que nos ayuda, pero que nosotros tenemos que poner mucho de nuestra parte. En otras palabras, después de que nosotros nos esforzamos hasta más no poder, Dios nos da lo que falta.

La revelación le llegó cuando finalmente comprendió Romanos 1:17. La traducción Dios Habla Hoy lo expresa así: "Pues el evangelio nos muestra de qué manera Dios nos hace justos: es por fe, de principio a fin. Así lo dicen las Escrituras: 'El justo por la fe vivirá.' " Lutero se dio cuenta de que la justicia de Dios es un regalo. No es algo que podemos ganar.

Lo que viene por ley es ganancia, es merecido; pero lo que viene por gracia es un regalo inmerecido. En Jesucristo se da a conocer la gracia de Dios, porque todo lo que El nos ofrece se recibe como un regalo. El no nos exige que trabajemos para merecer su perdón y su amor; de hecho, no lo podemos ganar. Sólo lo podemos recibir por fe, como un regalo de gracia.

Muchas veces tratamos de mezclar la ley con la gracia. Así había pensado Lutero antes: trato de obedecer la ley, haciendo todo lo debido, y la gracia me ayuda. ¿Alguna vez has tratado de mezclar el aceite con el agua? ¡No funciona muy bien! ¿verdad? De igual modo, la ley y la gracia no se pueden mezclar.

En cierta ocasión, el apóstol Pablo tuvo que confrontar al apóstol Pedro sobre este asunto. Pedro llegó a visitar a la Iglesia en Antioquía. Allí tenía compañerismo con todos los creyentes, tanto judíos como gentiles. Cenaba y convivía con todos. Pronto, sin embargo, se presentó un problema.

Llegaron algunos representantes de la Iglesia en Jerusalén, una Iglesia compuesta principalmente de judíos. Bajo presión de ellos, Pedro se retiró del compañerismo con los gentiles y sólo se juntaba con los judíos. Debido a su mal ejemplo, los demás judíos también se separaron de los gentiles a la hora de comer.

Podríamos ver esto como un caso de discriminación, y lo fue. Pero Pablo reconoció que algo más estaba pasando. Se trataba, en realidad, de una confrontación entre la ley y la gracia. Al separarse de los gentiles, Pedro estaba volviendo al legalismo judío. Se estaba portando como si el hecho de separarse de los gentiles lo hacía más aceptable ante los ojos de Dios.

Pablo lo regañó fuertemente. Gálatas 2:16 registra lo que le dijo a Pedro: "Al reconocer que nadie es justificado por las obras que demanda la ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en él y no por las obras de la ley; porque por éstas nadie será justificado."

Tratar de obedecer la ley de Dios no logra justificar a nadie. La ley sólo nos puede condenar. La única manera de llegar a estar bien con Dios es en base a su gracia. Sólo su gracia nos puede justificar. Esa gracia llega a nuestras vidas por medio de la fe, de lo cual hablaremos más la próxima semana.

¿De qué, entonces, sirve la ley? La ley es como el espejo de un dentista. Aquel pequeño instrumento que él usa para examinarnos la boca revela las caries que perjudican la salud de nuestros dientes. Es un instrumento muy útil; pero jamás se ha curado una caries con el espejo del dentista. El espejo revela el problema; pero sólo el taladro y la amalgama lo resuelven.

Más adelante en Gálatas 2, en el verso 19, Pablo dice: "Yo, por mi parte, mediante la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios." La ley le había hecho ver a Pablo que era pecador, pero también le había revelado que sus esfuerzos por perfeccionarse y ganar la aprobación de Dios eran inútiles. Jamás podría ser perfecto, jamás podría merecer el amor de Dios, jamás podría ganarse el cielo.

Por lo tanto, murió al esfuerzo de obedecer la ley por su propia cuenta, para poder vivir para Dios. Entonces dice, en el verso 21: "No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano." Si la ley fuera suficiente, Cristo no habría tenido que morir. Pero la ley no pudo salvarnos, porque somos débiles. Por lo tanto, dejando a un lado la ley, Dios nos ofrece la salvación por su gracia.

La salvación es por gracia, y sólo por gracia; no es gracia más otra cosa. Es la gracia nada más. Esto se convirtió en uno de los principios básicos de la Reforma protestante, conocido como sola gratia. Dios nos salva, nos acepta y nos tiene de pie ante El solamente por su gracia.

Un hombre daba su testimonio en un culto. Habló de cómo Dios había conquistado su corazón y lo había librado de la culpa y el poder del pecado. Habló de Cristo y su obra, pero no dijo nada acerca de su propio esfuerzo.

Cuando terminó su testimonio, el líder de la reunión se levantó para hacerle una pregunta. Este hombre era algo legalista, así que dijo: "Nuestro hermano nos ha hablado de lo que hizo el Señor para salvarlo. 

Cuando yo me convertí, tuve que hacer muchas cosas por mi propia cuenta antes de esperar que el Señor me ayudara. Hermano, ¿no hizo usted su parte antes de esperar que Dios hiciera el suyo?"

El que había dado su testimonio le respondió: "Es cierto. ¡Se me olvidó! No les conté de la parte que yo tuve que hacer, ¿verdad? Bueno, yo hice mi parte durante más de treinta años, corriendo en mis pecados para alejarme lo más posible de Dios. Esa fue mi parte. Y Dios me persiguió hasta que me alcanzó con su gracia. Esa fue su parte." Así es la gracia de Dios. 

Ahora déjame preguntarte: ¿bajo cuál principio estás viviendo tú? ¿Vives bajo la ley, esforzándote constantemente por agradar a Dios, pero jamás seguro de haber hecho lo suficiente? Hermano, nunca será suficiente. Recibe hoy la gracia de Dios. Descansa en su gracia, que El te ofrece en Jesucristo. Su sacrificio en la cruz es suficiente. Confía en El.

Fuente: sigueme.net

miércoles, 4 de marzo de 2020

Una Lámpara En La Oscuridad – Reflexión

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“Lámpara para mis pies es tu palabra, y luz para mi camino” (Salmo 119: 105).        El Dr. William Lyon Phelps, un famoso pedagogo de la Universidad de Yale, dijo: “Creo plenamente en la educación universitaria tanto para hombres como para mujeres, pero creo que el conocimiento de la Biblia sin un curso académico es más valioso que un curso académico sin Biblia “.
La Palabra de Dios es la mejor guía para una vida victoriosa y feliz. Es una fuente de recursos para cada día de nuestras vidas. Sin la guía de Dios, todo lo que hacemos, no importa cuán bueno sea, no tendrá garantía de éxito o felicidad.

La Biblia nos muestra la voluntad de Dios. Conociendo la voluntad de Dios, sabremos el mejor camino a seguir. Siguiendo el camino con determinación, llegaremos al lugar de nuestras bendiciones.

 

Cuando leemos las Sagradas Escrituras, Dios nos habla, nos enseña el camino del bien, nos muestra los pasos hacia grandes conquistas, nos advierte de los peligros que deben evitarse, nos alerta sobre las trampas de este mundo, nos abre Las puertas de la vida eterna.
Si no sabemos qué o dónde estudiar, solicitemos dirección al Señor. Si no estamos seguros de si estamos en el mejor trabajo, pongamos nuestras incertidumbres en el altar de Dios. Si tenemos dudas sobre el ser querido, deje que Dios elija por nosotros. El Señor está listo para guiar nuestras vidas y la Biblia es el gran manual de la voluntad de Dios.
Si queremos caminar con seguridad, sin el peligro de tropezar en el camino, busquemos diariamente la Palabra del Señor.
¿Cuán importante has sido para la Biblia?
Por: Paulo Barbosa

lunes, 28 de octubre de 2019

¿Cómo Salir De Las Deudas?

La gratitud, un estilo de vida.jpg

El perdón, una decisión 
Hay dos definiciones de perdón que deben tenerse presente para comprender en qué consiste. El Dr. Archibald Hart señaló: «Perdonar es renunciar al derecho de herirte porque me has herido» y Tony Campbell expresó: «El perdón no es un beneficio que le confiero a otra persona, es una libertad que me doy a mí mismo». Perdonar es renunciar al deseo de venganza por lo que me han hecho, es borrar la lista de las ofensas que hemos recibido. No perdonamos porque la otra persona cambió, perdonamos porque necesitamos eliminar el dolor que llevamos por dentro.

Sin perdón, experimentamos un dolor continuo. Con él, aun cuando los recuerdos sigan en nuestra mente, podremos empezar a mirar hacia delante con esperanza porque el dolor que sentíamos comenzó a desaparecer.

A pesar del gran amor que tenemos por nuestra familia, muchas veces, perdonar es difícil y más difícil cuando aún estoy herido. Tal vez nos han tratado mal o han despreciado nuestro amor y cuidado. Lo cierto es que debemos perdonar incluso cuando la otra persona no se arrepienta o cambie de actitud. Por lo general, buscamos excusas como: «Si dejara ese estilo de vida, yo lo perdonaría». No obstante, debemos perdonar a pesar de que no haya evidencia de cambio alguno. Esto no significa que mantengamos una actitud pasiva ante el abuso, la humillación o la agresión. Más bien, si perdonamos elevamos nuestra dignidad, y esta nos permite tener la firmeza necesaria para detener el abuso.

La falta de perdón casi siempre trae consigo aislamiento, amargura, dolor y distanciamiento. Al terminar una conferencia, un ejecutivo con lágrimas en sus ojos dijo: «Hace cinco años mi papá y yo discutimos fuertemente y nos distanciamos. Durante todo este tiempo no nos hemos hablado y tampoco lo he visito. Hace tres años nació mi hija y muchas veces me pregunto si él quisiera conocerla. Mi hija no conoce a su abuelo, ni ha escuchado su voz. Esto es muy duro y no lo soporto más».

El perdón debe darse a pesar de las heridas profundas, los sueños frustrados o las promesas rotas. Sin perdón, no hay posibilidad de reconciliación. Es posible que sea difícil perdonar a alguien que hiere demasiado, pero hacerlo es algo que prepara el camino para reencontrarse.

Solo cuando renunciamos a nuestro derecho de tomar venganza, de señalar y juzgar, hemos perdonado con sinceridad. Todos debemos luchar por alcanzar esta libertad y al hacerlo, aumentamos nuestra capacidad de amar.

Existen personas a las que el perdón se les dificulta en gran medida. El problema es que se resisten a dejar la ofensa en el pasado. Es frecuente que estas personas no puedan reconocer el daño y el desgaste que sufren. La falta de perdón ocasiona que el dolor, el enojo, la frustración y la amargura estén presentes de forma constante; por eso la persona se encuentra atada a esos sentimientos negativos, no es libre y en la medida en que permanezca en esa posición, se deterioran su salud y su vida emocional.

El perdón no es fácil de comprender. Por lo general estamos esperando «sentir el deseo» para otorgarlo. Sin embargo, más allá de sentir, está la decisión de renunciar al derecho que creemos tener de vengarnos por lo que nos han hecho. Es optar por ser libres de los sentimientos que se quedaron atrapados en el pasado.

No obstante, a pesar de todos los beneficios que reconocemos en el perdón, además de que no es fácil de comprender, tampoco es fácil de otorgar. Se requiere voluntad, decisión y perseverancia para sostenerlo en el tiempo. El perdón es un proceso, y la señal más contundente de que este proceso ha dado su fruto se hará evidente cuando un día nos sorprendan los recuerdos de lo ocurrido y ya no experimentemos dolor.

Sin lugar a dudas, ante una ofensa, el perdón es la única forma de experimentar libertad y sanar el dolor que nos esclaviza a otra persona. Por otro lado, es lo único que posibilita restablecer la relación. El perdón es la única forma de ser libre de la amargura y del deseo de venganza.

Los caminos de la comunicación

Todos, a pesar del amor que nos tengamos, vamos a lastimar a las demás personas y principalmente, a nuestra familia. Esto independientemente de cuánto amor o cuánta estima exista entre nosotros. ¿Por qué? Porque no somos perfectos y porque, en ocasiones, nos lanzamos a expresar lo que pensamos y sentimos sin considerar las consecuencias. Este dolor, sufrido a causa de que nos lastimaron, es uno de los más profundos que existen porque no esperamos que aquellos que conforman nuestro círculo íntimo, en quienes confiamos, nos hieran.

Lo cierto es que, debido a la cercanía y la confianza, podemos lastimar de dos maneras: involuntaria, donde solo el que se sintió ofendido lo percibió de esa manera, como por ejemplo, cuando la otra persona se siente ignorada, no comprendida o no escuchada, subestimada o cuando no respondemos en la forma que ella espera. O bien, lastimamos intencionalmente. ¿Cómo lo hacemos? Levantamos la voz, con un gesto grosero, rechazamos, menospreciamos, humillamos u ofendemos.

Por otro lado, incluso si deseamos pedir perdón y nos mostramos arrepentidos por las heridas que causamos en el otro, puede que ese perdón, esa disculpa, no sea bien recibida. ¿Por qué? Porque cada uno de nosotros pide o espera el perdón de maneras diferentes. Así como expresamos amor de una manera particular, todos nos disculpamos a nuestra manera.

Debemos aprender a escuchar para procurar comprender lo que nos están diciendo, y así distinguir cómo le agrada a la otra persona que le expresemos nuestro arrepentimiento. Porque todos nos equivocamos, pero debemos saber expresar disculpas en el lenguaje que el otro pueda interpretarlas correctamente.


Tenemos que superar esos obstáculos pues, cuando la otra persona está herida, es una expresión de amor procurar su salud emocional. Para esto, debemos pedir perdón con humildad. 

Invertir Tiempo En La Familia


Helen es bella y tierna, compartimos muchas aventuras, y es fácil llevarse bien con ella. Estudió psicología (creo que fue bueno, porque así me comprende mejor). Cuando algo no camina, es sincera y me lo dice, debo confesar que generalmente tengo alguna explicación para lo que haya sucedido, pero termino pidiendo perdón, y tratando de rectificar el camino. Una de las mejores cosas de Helen es que es alegre, y a mí me gusta verla feliz y realizada.

Ella pone en balance mi vida. Me ha enseñado e insistido en la importancia de tomar el tiempo necesario para la familia. Lo bueno, es que para mí ya no es algo difícil, es un placer y un deleite. Digo que ya no es una carga porque al inicio de mi matrimonio me sentía culpable al tomar tiempo para mí familia. Siempre sentía que había mucho trabajo y era impulsado por mi sentido de responsabilidad.

Gracias a Dios con Helen aprendí que la familia es importante, y es un don de Dios en el cual debemos invertir. Ahora puedo celebrar cumpleaños, festejar mi aniversario de bodas, disfrutar de las vacaciones en familia, y así, vivir todas las etapas que las familias pasamos.

Deseo con todas mis fuerzas que cada uno nos deleitemos en el seno de nuestras familias y aprendamos a disfrutar el tiempo que compartimos con ella. Que no nos sintamos mal o culpables en invertir tiempo en esta nuestra herencia, la familia. Hay razones suficientes para esto, una de ellas es que, continúan con nosotros el resto de nuestras vidas. Amo mi hogar, me deleito al ver crecer a mis hijos, ellos, los que Dios me dio para cuidar y formar. Amo a mi esposa, ella es realmente especial.

Hoy debo detenerme y dar gracias a Dios porque reconozco que Él ha estado con nosotros en todo momento y Su gracia nos ha sostenido, ha sido nuestro refugio en los momentos de angustia y en los buenos tiempos. Su gracia y misericordia han sostenido nuestras vidas, dándonos una expresión mayor de realización y libertad dentro del hogar.

Pido a Dios que nos permita a cada uno de nosotros amar la familia que nos ha dado y aportar lo mejor que tenemos para edificarla de la mejor forma posible.

¿Cómo Salir De Las Deudas?


La administración de las finanzas se construye con 80% de hábitos, y 20% de conocimiento. Los hábitos son aquellas cosas que hacemos o no hacemos cada día: revisar el estado de cuenta, ir de compras sin saber cuánto dinero tenemos para gastar, hacer planes a inicios de mes, comprar una hamburguesa cada vez que salimos del trabajo, entrar a una tienda cada vez que lea un rótulo que diga “50% de descuento”, darle una contribución al que pide dinero en la calle sin calcular si el dinero que entregamos lo necesitamos para alguna necesidad, agendar mensualmente citas con el doctor para chequeos médicos, o hasta ahorrar cada mes en un sobre. Cada una de estas acciones son buenos o malos hábitos que adquirimos con el tiempo. El desafío está en mantener las buenas costumbres y desechar las que no nos ayudan en nuestro plan para salir de deudas.

Le propongo una serie de recomendaciones prácticas que le ayudarán a no endeudarse más:

1. Establezca un destino financiero.

Comience por preguntarse, ¿cómo me veo financieramente a mí o a mi familia de aquí a un año?Escriba junto con su cónyuge una serie de 3 a 5 pasos que van a tomar en los próximos meses para alcanzar esa gran meta al final del año. Luego hágase la siguiente pregunta, ¿cómo queremos vernos a cinco años?Escriban también una serie de pasos grandes e importantes en los que van a enfocarse. Finalmente pregúntense, ¿en qué creemos que es importante invertir el dinero, y en qué cosas no vamos a invertir?Todos tenemos gastos de los que nunca nos arrepentimos, y otros gastos de los que todos los días nos reprochamos a nosotros mismos. Al tener un destino financiero le será fácil reconocer cuáles compras sí debe hacer, cuáles deben esperar y cuáles definitivamente no son parte de su plan. 

2. Aprenda a decir “no”. 

Dígalo en voz alta: “NO”. Aprender a usar esta palabra tan simple le ayudará a mantenerse en su plan de salir de las deudas cuando le llamen para ofrecerle una tarjeta que le obsequia “la octava maravilla del mundo”; o un descuento para esos zapatos cuya marca usted ama pero que no puede pagar; o un nuevo crédito que le da muchos beneficios; o una simple salida con sus amigos que no tenía planeada en sus gastos. 

Decir “no”, cuesta mucho cuando tenemos la necesidad de presumir a dónde fuimos, cómo nos divertimos y qué círculo social calzamos. Recuerde que muchos de sus amigos o familiares tienen planes diferentes a los que usted desea alcanzar, y es precisamente por eso que está bien decir “no”, cuando nosotros veamos que las invitaciones no van con nuestros planes.

3. Haga un presupuesto cada mes.

Un presupuesto es una expectativa de ingresos y gastos divididos por categorías. En nuestro curso “Ya Tengo Mi Presupuesto” le enseñamos a las personas a escribir sus ingresos en una hoja y enlistar sus gastos en forma descendente hasta que el monto sea igual a cero. 
Uno o dos días antes de recibir el dinero de sus ingresos es importante sentarse a definir en cuál categoría va a ir cada $ que usted recibe. Cuando deseamos salir de deudas, es esencial hacer recortes en el presupuesto en el área de ahorros (exceptuando el fondo de emergencia y pagos como impuestos anuales) y lujos, con tal de hacer abonos adicionales a la cuota mensual mínima que piden los prestamistas.

4. Pague las deudas “de menor a mayor”.

Enliste las deudas; desde aquella en la que menos debe, hasta aquella en la que debe más. En esta lista no se coloca el crédito hipotecario. A partir de hoy, usted se va a mantener pagando las cuotas mensuales mínimas de cada deuda. Con el dinero que logró recortar del área de lujos y de ahorros, usted va a hacer abonos extraordinarios a la deuda más pequeña (aun si le castigan con un porcentaje de su aporte). 

Luego de haber terminado de pagar la deuda más pequeña, usted va a sumar el recorte que había hecho a sus lujos y ahorros con la cuota mensual mínima de la deuda que acaba de terminar de pagar y va a contemplar este nuevo monto como los abonos que va a hacer a la segunda deuda. 

Una vez que termine de pagar la segunda deuda usted va a sumar la cuota mensual mínima de la primera deuda, la cuota mensual mínima de la segunda deuda y lo va a sumar a la cuota mensual mínima de la tercera deuda. De esta forma, usted va a salir mucho más rápido de todas las deudas que actualmente tiene, y se emocionará al ver que lo que iba a durar 2 años, duró 10 meses. Este es un principio ampliamente compartido por expertos financieros que le puede ayudar a salir de la manera más motivada y más rápida de todos los créditos.

5. Renegocie con los prestamistas.

Hay familias que han decidido comprar sus alimentos en los lugares más baratos, no salir a entretenerse por más de un año, recortar todas las suscripciones, vender los autos, y aún así, no logran dar con los pagos. 

En estos casos, es vital que usted se presente ante el prestamista con una lista de sus gastos, recortes que ha hecho, ingresos actuales con certificaciones laborales y solicite un trato para reducir el monto de las cuotas y los intereses a cambio de extender el plazo de la deuda. Esto es conocido como refinanciamiento. 

Algunos utilizan esto para tener más dinero disponible y volver a pedir más préstamos y seguir con el estilo de vida dañino que tienen. Usted por su parte, debe ver esto como una oportunidad para ahorrar con el dinero que le va a sobrar, un fondo de emergencia equivalente a la mitad de sus gastos mensuales en una cuenta bancaria, y comenzar a hacer abonos adicionales a la nueva deuda que le acaban de entregar.